SITIO OFICIAL DE LA IGLESIA DEL PUEBLO GUANCHE

TENEMIR UHANA MAGEK GRACIAS PODEROSA SOL
ENEHAMA BENIJIME HARBA POR SALIR UN DÍA MÁS
ENAGUAPA ACHA ABEZAN. PARA ALUMBRAR LA NOCHE.

domingo, 8 de noviembre de 2015

PACHAMAMA: LA IDOLATRÍA DE NUESTROS POLÍTICOS




Les ofrecemos la medulosa declaración del Instituto de Filosofía Práctica, reproducido por nuestros colegas de Foro de Cuyo. 


“A mi pecho de indio se ha ganado la Cruz”. Rafael Jijena Sánchez
I.- El sábado 2 de agosto “La Nación” (diario) nos trae una crónica escrita desde Humahuaca por Amalia Eizayaga. En ese lugar se congregaron una serie de políticos “opositores”, entre quienes sobresalían Hermes Binner, Ernesto Sanz, Julio Cobos, Gerardo Morales, Ricardo Alfonsín, Ricardo Gil Lavedra, Ángel Rozas, Humberto Tumini y Juan Carlos Zabalza. El motivo fue rendir “culto a la Pachamama, en un rito tan ancestral como sagrado en esta zona del país. Le pidieron trabajo, salud, prosperidad, producción, paz y le agradecieron su generosidad”.
Al comenzar con el rito, dijo en voz alta una mujer: “pónganse en presencia de la Madre Tierra”. El intendente local Aldo Herrera, su mujer y los políticos, “todos se arrodillaron, con el cuerpo orientado hacia el sol, y con las manos entregaron a la Pachamama los bienes que las comunidades habían preparado”.
Ernesto Sanz, presidente de la UCR, destacó que “había sido una celebración de valores, el de la gratitud, de reconocimiento a la tierra, de la cultura del trabajo”. También por la nota nos enteramos que impulsada por el senador Morales, el año pasado, la ley 26.891, declaró a Jujuy capital nacional de la Pachamama.
II.- Pachamama significa Pacha: espacio-tiempo, Mama: madre tierra. Ella es virgen, hacedora de todo y cultivarla, es visto como un atropello a algo sagrado, como sostiene el docente aymará Wencelao Villanueva, a quien podría leer Sanz si quiere ser coherente. Por eso sostiene que el indígena le pide su consenso “para iniciar las actividades de preparación y siembra de sus tierras de cultivo… los ritos de agradecimiento son dedicados a la madre naturaleza… se rinde culto al sol, a la tierra y a las divinidades encarnadas en las montañas” (Metro, Buenos Aires, 12/10/2000).
Rocco Cotroneo se refiere a una ceremonia en la cual Toledo, presidente del Perú en el 2001, evoca a la Pachamana para pedirle su ayuda y recuerda que “los Incas hacían la ofrenda propiciatoria a la divinidad. En caso de extrema necesidad, como carestía, pestes o toma de posesión de un nuevo Inca, se llegaba a inmolar animales y hasta niños, hasta doscientos en una vez. Toledo se ha debido contentar con algunas hierbas, que ardiendo han liberado humo hacia el cielo donde habitan los dioses” (Corriere della Sera, Milán, 30/7/2001).
III.- El culto a Dios se encuentra regido por una virtud que es la religión, término medio virtuoso al cual se oponen dos extremos viciosos, uno por exceso y otro por defecto. Dentro del primero, y en el marco de la superstición, se incluye a la idolatría, pecado gravísimo, que consiste en introducir otro dios o dioses, lo cual altera todo el orden del mundo.
Un caso típico fue el de los antiguos paganos, aludidos por el Libro de la Sabiduría: “por la consideración de las obras ni siquiera alcanzaron a conocer al artífice. Por el contrario, al fuego, al viento, al aire ligero o al círculo de los astros, al agua impetuosa o a las lumbreras del cielo, tomaron por dioses rectores del universo” (13, 1 y 2).
Esta era la situación de los indígenas a la llegada de Colón; muchos de ellos vivían en un estado primitivo de civilización, en el cual, según algunos confundidos contemporáneos, eran felices hasta que fueron perturbados por la invasión hispánica. Es lo que piensa la periodista Mercedes González: “el indio pudo llegar a fundar una sociedad más justa, porque su contenido espiritual estuvo en sincretismo con el mundo material de la naturaleza que lo rodeaba y eso lo hacía armónico y lógico en lo social, económico e ideológico. Los frutos de la madre tierra eran repartidos equitativamente: no se conocen datos sobre casos de muerte o enfermedad por desnutrición basados en la injusticia del reparto de bienes” (La Nación, Buenos Aires, 14/11/2000).
Así también piensa el Equipo Nacional de Pastoral Aborigen, para el cual, como explica la religiosa María Bassa, su tarea no es convertirlos: “partimos desde el respeto profundo de la realidad de la persona, sin interferir en sus valores. Buscamos establecer un diálogo, ayudarlos” (Metro, Buenos Aires, 19/4/2001).
Esta “evolución” pastoral está clara en dos documentos, uno emanado de la Constituyente que elabora la Constitución de 1853, y otro, emanado de nuestro Episcopado en 1994.
En el primero, se aprueba una iniciativa del Padre Lavaise, movido por un deber de caridad, de encomendar al Congreso ocuparse de la conversión de los indios, junto con su pacificación.
El de 1994, sostiene que debe suprimirse de la Constitución el inc. 15 del art. 67, “pues hoy resulta ofensivo para los pueblos indígenas, para la Iglesia Católica y también para el Congreso Nacional”.
Lo que el siglo XIX era caritativo, compasivo, misericordioso, a fines del siglo XX, según el dictamen de una Comisión, aprobada por el Episcopado, es afrentoso, agraviante, injurioso. ¿En qué quedamos?
IV.- Un periodista curioso, uno de esos que tiene un océano de conocimiento de un centímetro de profundidad, andaba por el norte salteño en busca de un “indio puro” y se encontró con Cornelio Segundo, cacique de La Curvita, indio wichí a quién le preguntó por el brujo de la tribu y recibió esta magistral respuesta: “Brujo no hay. Sólo hay que creer en Dios. Antes la gente pensaba que al padre del pescao hay que hablarle para que nos dé pescao. Otros decían que el monte también tiene su dueño. Cada pájaro tenía su jefe. Igual los árboles. Ahora que estamos más dispiertos, se da que Dios es Padre de todas las cosas” (Clarín, Buenos Aires, 9/1/2001).
Como vemos este indio, gracias a la evangelización, está más despierto que ciertos pastores dormidos. Estos ciegos, “guías de ciegos”, no advierten que las más ricas potencialidades indígenas se actualizan con la recepción del cristianismo y de la cultura occidental.
El indiecito Juan Diego, en México, puede exclamar lo mismo que nuestro telúrico poeta Rafael Jijena Sánchez, “A mi pecho de indio se ha ganado la Cruz”; en el Perú, un gran mestizo, el Inca Garcilaso de la Vega, se convierte en el primer prosista hispanoamericano; en las Misiones Orientales, el caudillo Sepé Tiarajú, muere en defensa de su tierra que había recibido de Dios y del Arcángel San Miguel, de sus libertades concretas, de su persona, que no acepta ser moneda de cambio del absolutismo borbónico, en nuestra Patagonia, florece la santidad de Ceferino Namuncurá, quien pronuncia un discurso ante San Pío X, palabras que el Papa santo escuchó de pie “como si hubiera querido demostrar su respeto por esa raza que él representaba, por ese joven que balbuceaba sus ideas en italiano, pero que un día como él, iba a campear en la cumbre de los altares” (Entraigas, Raúl, El capataz de la Patagonia, Don Bosco, Buenos Aires, 1964, p. 84).
Lo mismo sucede en otras latitudes y así en África, un turista europeo, escéptico y relativista, al ver que un viejo bantú leía las Sagradas Escrituras, le comentó: Así, ustedes nunca progresarán; en Europa nadie ya cree en esos cuentos. La respuesta del hombre de color llegó como un latigazo: “Señor, si aquí no hubiera llegado este libro hace rato que lo habríamos comido”.
Por todo esto, es increíble que hoy existan cristianos enemigos de la evangelización de los paganos de este tiempo, y podríamos agregar, de los judíos, musulmanes, hinduistas, budistas, animistas, etc.
V.- De las alturas de la santidad, bajemos a las idolatrías de nuestro tiempo, una de las cuales muestra una verdadera regresión de hombres, que habiendo recibido el bautismo, no pueden ser paganos, sino que son herejes o apóstatas.
¿Habrá algún pastor que los amoneste, que les enseñe que el hombre no debe arrodillarse sino ante Dios, que les recuerde la gravedad suprema del pecado de idolatría? Que les recuerde el primer mandamiento de la ley mosaica: Adorarás al Señor tu Dios y le servirás; a Él solo darás culto; no habrá para ti otros dioses delante de Mí.
Que les aclare que sólo a Dios se le rinde el culto de latría y que cuando rezamos a la Virgen o algún santo, a quienes rendimos culto de hiperdulía, en el primer caso y de dulía en el segundo, que son cultos de respeto, no los adoramos, sino que les pedimos que intercedan por nosotros delante de Dios.
Como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica, “el mandamiento de adorar al único Señor, da unidad al hombre y lo salva de una dispersión infinita. La idolatría es una perversión del sentido religioso innato del hombre” (2114).
Cuando rezamos debemos comenzar nuestra plegaria poniéndonos en presencia de Dios y la oración “la elevación de nuestra mente” a Él, es el modo correcto de dirigirnos a nuestro Dios, Uno y Trino, para alabarle, pedirle, darle gracias. Ningún cristiano se pone en presencia de la Pachamama para alabarla, pedirle, darle gracias: sólo lo hacen algunos politiqueros.
Al orar el hombre se recoge, se orienta hacia su interioridad, se asienta en ella. Como escribe Romano Guardini, la auténtica oración incluye también la humildad, la cual no es debilidad, sino verdad. La mera vitalidad y fuerza, sin respeto a la majestad del Dios santo y sin humildad ante Él, es radicalmente infecunda” (Introducción a la vida de oración, San Pablo, Buenos Aires, 1976, p. 25).
VI.- El día que el matutino citado describió la idolatría en Jujuy, la Liturgia de las Horas trae en este año que es par, una lectura del libro de Job, pero para los años impares la primera lectura es del primer libro de los Reyes, que relata el encuentro del profeta Elías con cuatrocientos cincuenta profetas de un ídolo Baal. Y ante la duda del pueblo a quien creer, Elías, preparó el desafío: dos novillos sobre la leña en dos altares sin prender el fuego: “Invocaréis el nombre de vuestro dios; yo invocaré el nombre del Señor. Y el dios que responda por el fuego, ese es Dios”.
Gritaban y danzaban los sacerdotes de Baal y Elías se burlaba de ellos: “Gritad más alto, porque es un dios; tendrá algún negocio, le habrá ocurrido algo, estará de viaje; tal vez esté dormido y se despertará!”. Pero como la Pachamama, nadie respondió.
Elías preparó su ofrenda y dijo: “Señor, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, que se sepa hoy que tú eres Dios y que yo soy tu servidor… Respóndeme Señor, respóndeme y que todo este pueblo sepa que eres el Dios verdadero, que conviertes sus corazones”.
“Cayó el fuego del Señor que devoró el holocausto… Temió todo el pueblo y dijeron: el Señor es Dios”. Elías les dijo: ‘Echad mano a los profetas de Baal, que no escape ninguno de ellos”. Y en el torrente de Quisón, los hizo degollar. (Liturgia de las Horas según el rito romano, Conferencia Episcopal Argentina, Buenos Aires, 1997, T. III, ps. 641/2).
Otro es el estilo del Evangelio, pero Cristo es también señal de contradicción: El que no está conmigo está contra mí, y el que no junta conmigo, desparrama” (Mateo, 12, 29).
O rendimos culto a la Trinidad, o lo rendimos a la Pachamama, o a tantos ídolos que pululan en nuestro tiempo: el Dinero, el Placer, el Sexo, el Poder, el Estado, el Diálogo, Satanás, etc.
Elevemos nuestra plegaria a Dios para que ilumine con un rayo de su claridad la inteligencia, y mueva el duro corazón de estos politicastros irresponsables, para que vuelvan arrepentidos al redil cristiano, y que si nunca pertenecieron a ese aprisco se acerquen a él, porque tienen mucho que ganar y nada que perder.
Buenos Aires, agosto 6 de 2014.
Fuente: Foro de Cuyo
Nuestra Opinión
Seguramente Hermes Binner, Ernesto Sanz, Julio Cobos, Gerardo Morales, Ricardo Alfonsín, Ricardo Gil Lavedra, Ángel Rozas, Humberto Tumini y Juan Carlos Zabalza; se adhieren gustosos a cualquier iniciativa que signifique sacar a Dios de los edificios públicos y escuelas.
Es decir, persiguen a un Dios que no oyen ni ven, pero existe plenamente por que es Creador de todo lo visible e invisible; pero se arrodillan ante la 'madre tierra' que representa una ideología inmanente y acotada. ¡Pobres ellos y pobres nosotros!
La única ventaja es que ahora los conocemos y los que seguimos la Verdad, ahora sabemos que NO los tenemos que votar nunca más, pues no podemos tener políticos ingenuos que crean en pavadas. Que los vote el presidente de Bolivia.
Por: Ferreyra Viramonte Luis Fernando
lffv@yahoo.com.ar

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada