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jueves, 5 de noviembre de 2015

DIOSA







Hace unos doce mil años ocurrió lo que los arqueólogos e historiadores llaman "revolución neolítica" o "revolución agrícola". 

  Hasta entonces el hombre había vivido de los frutos, semillas, raíces que recolectaba, o de lo que cazaba o pescaba. Cuando los alimentos comenzaban a escasear, la horda se trasladaba a otra región menos explotada. Había mucho espacio, la naturaleza era virgen y la tierra estaba poco poblada.
Aquellos hombres eran simples depredadores. Pero, de pronto, la invención de la agricultura alteró profundamente la vida y el destino de la humanidad. De ser depredador de la naturaleza, el hombre se convierte en su colaborador. El vagabundo recolector abandona su vida errante, echa raíces en su territorio que considera suyo y se convierte en productor.
Es un cambio que acarrea muchos cambios. El hombre tiene que inventarse el concepto tiempo. Tiene que pensar en el futuro, labrar y sembrar hoy para recoger mañana. Estos cambios implicaron una revolución en el pensamiento. El hombre toma conciencia de los ritmos superiores que rigen el cosmos.
También se produjo un cambio social. Hasta entonces los hombres se habían ocupado de la caza y las mujeres, de la recolección. La aparición de la agricultura, que potencia la tradicional tarea de la mujer, acarrea una nueva valoración del elemento femenino. La recolectora para a un primer plano. Se instituye el matriarcado.
Cuando aumentó la población, la vida de los primeros agricultores se tornó más difícil. La obsesión por asegurar la fecundidad de la tierra y de los animales, de la que dependía la supervivencia de la comunidad, se concretó en unas practicas mágicas centradas en torno a la estrella Spica y a la luna.
El hombre primitivo observó que la estrella Spica, la principal de la constelación que hoy llamamos de Virgo, desaparece en el horizonte del cielo nocturno el quince de agosto, lo que coincide con el agostamiento de la vegetación. Era el tiempo de recoger el trigo ya seco y maduro. Spica vuelve a aparecer en el cielo nocturno el ocho de septiembre, coincidiendo con el momento de la sementera. La mente primitiva asoció el ciclo agrícola, del que dependía la fecundidad de las cosechas, con el de la misteriosa estrella Spica, que, de algún modo mágico, regía la alternancia estacional que hace crecer el cereal. Por eso precisamente la llamaron Spica, espiga.
Así que en las diversas culturas de la Antigüedad, las piedras sagradas son la representación de la divinidad vinculada a cultos astrales de significado agrícola. La fuerza fecunda de la tierra y de las hembras se personificaba en la Diosa Madre.
Cada pueblo, cada religión del Mediterráneo, tuvo una Diosa Madre, representante de la estrella Spica dispensadora de fecundidad. La diosa Madre se asociaba a la estrella, era reina del cielo y madre de los otros dioses que se derivaron de ella. En cada cultura la daban un nombre distinto: la egipcia Isis y Hathor: la india Lacksmi; la Cibeles de Asia Menor; la fenicia Astarté, la cartaginesa Tanit...

Rey Sagrado
En los tiempos del matriarcado, una mujer a la que denominaremos reina gobernaba la tribu como encarnación de la Diosa Madre, pero, al igual que ella, necesitaba un hombre que la fecundara y asegurase, a través de ella, la fecundidad de la tierra, de la que dependía la supervivencia de la tribu. El cónyuge de la reina era el Rey Sagrado. La ceremonia de su designación simbolizaba la unión del rey Sol con la reina Tierra. El ritual incluía el asesinato ficticio del rey durante la ceremonia del baño. Tenía que morir como miembro de la tribu o clan al que había pertenecido para resucitar como miembro de la tribu o clan de la reina. Como se sabe, el baño es imagen de muerte y renovación. Esto fue copiado también por el bautismo cristiano.
En los tiempos más remotos, se sacrificaba al rey en cuanto la reina quedaba embarazada. La preñez de la reina, y por lo tanto de la Diosa Madre, era la imagen de la Creación del cosmos y el cosmos solo se crea por el sacrificio o autosacrificio de un dios.
El rito exigía el sacrificio del rey al final de cada Ano Sagrado, pero como la idea de morir no entusiasmaba al monarca, con el tiempo se consiguió que un sustituto, a menudo un niño, ocupase su lugar, o que su castracción o cojera simbolizasen su muerte. Finalmente, se humanizó aún más la ceremonia y la cojera real era solamente fingida. El Año Sagrado no debe entenderse como un año de 365 días, sino como Gran Año, o período en el que el año solar y el año lunar del solsticio de invierno se sincronizan y coinciden, lo que sucede cada diecinueve años.
Así lo describían:
El Rey-Sagrado era azotado y acariciado para que su sangre y su esperma fertilizase la madre tierra. Después era castrado y decapitado, asándose su carne para ser consumida por sus familiares o su clan sacramentalmente en un banquete ritual. A partir de un cierto momento del desarrollo de estos pueblos los Reyes sagrados habían alcanzado el suficiente poder para evitar el sacrificio al menos durante ocho años seguidos. No obstante, a fin de no renunciar a estos ritos sobre la fertilidad y por tanto sobre la prosperidad económica de sus pueblos, sustituyeron su propio sacrificio por el de un Rey sustitutorio a quien se le hacia reinar durante el día del sacrificio.
El rey sustituto, al final del día de reinado, se sacrificaba ritualmente y el verdadero Rey volvía a reinar otro año, así hasta que otro desgraciado era investido como Rey por un día y se repetía la historia. Finalmente se sustituyó por el sacrificio de algún animal.
El calendario sagrado fijaba la duración del Rey Sagrado, en un Año Sagrado, un periodo de 19 años, que transcurre hasta la concurrencia de los tiempos solares y lunares. Dura exactamente 19 revoluciones del sol y 235 lunaciones, lo que, en términos de nuestro calendario, equivale a 19 años, dos meses y cuatro minutos. Se trata del año que los astrónomos denominas metónico, porque fue divulgado por Metón en el año -433.

Diosa Madre versus Rey del Trueno
Hace cuatro mil años ocurrió uno de esos cataclismos que alteran el rumbo de la historia. Una serie de tribus indoeuropeas procedentes del Asia Central irrumpieron en el Mediterráneo y Oriente Medio. Los arqueólogos españoles los denominan pueblos del Vaso Campaniforme. Esta vez no eran agricultores, sino ganaderos que practicaban la trashumancia y habitaban en chozas. Los machos, toros y moruecos, encabezaban sus rebaños, marcando la dirección y el ritmo de la caminata, mientras las hembras vacas y ovejas, los seguían sumisas. Estos pueblos se gobernaban por un sistema patriarcal basado en el predominio del principio masculino y solar.
Los recién llegados derrotaron a los pueblos autóctonos, agrícolas y matriarcales, antes de convivir y fusionarse con ellos. Entre el Dios del Trueno de los pastores y la Diosa Madre de los pueblos sometidos se estableció una rivalidad que todavía perdura en las invisibles raíces de nuestra sangre.
Esta dicotomía solar-luna no podía durar eternamente. El anhelo natural del hombre era conciliar los dos principios, abolir dualismos, trascender su condición humana para reintegrarse en la unidad primordial. Esa fue la gran obra de la sabiduría de Salomón que los templarios intentaron rescatar dos mil años mas tarde. Los griegos adoptaron una religión ecléctica, capaz de satisfacer a las dos partes. En adelante, compartirían el poder el principio solar, patriarcal (el Dios Trueno, Zeus), y el principio lunar, matriarcal (la Reina del Cielo, Hera). Zeus y Hera se casan, y todos los dioses menores serán sus hijos.

Betilo
Los betilos o piedras sagradas, son las imágenes anicónicas que representaron a los dioses antes de que los devotos los imaginaran como personas o animales. El betilo puede adoptar forma esférica o de columna redonda o cuadrada. Se supone que los betilos son una herencia oriental, semita, llegada a España con los fenicios, pero nada nos desautoriza a pensar que los indígenas no veneraran ya sus propios betilos, antes de que llegaran los fenicios.

Menhir
Hubo un tiempo en que el hombre entendía la naturaleza y colaboraba con ella. Aquel hombre primitivo, con una inteligencia y una capacidad craneal todavía limitadas, conservaba aún la facultad de percibir ciertas vibraciones de la naturaleza, de la tierra y del cielo. Porque la tierra no es un soporte inerte. Por el contrario, está dotada de vida, es la matriz y el origen de la vida de las criaturas que sustenta, incluido el hombre. Las vibraciones de la tierra son especialmente intensas en determinados lugares recorridos por corrientes telúricas.
El menhir es piedra de religión. Está situado en un lugar donde la corriente telúrica ejerce en el hombre una acción espiritual; está situado en un lugar donde aliente el espíritu. Los que levantaban megalitos practicaban una especie de acupuntura terrestre.

Valdeande
En Valdeande, por su situación geográfica, son varios los puntos arqueológicos de interés. Hay abundantes corrientes subterráneas, debido a la placa caliza que hay a unos 60 metros de profundidad. Hay lugares sagrados, como el Pico el Mortero y lugares históricos como Ciella. Cerca del monte, por el despoblado de Valdeterradillos, lo poblaban los ganaderos, pero por Santa Centola, lo poblaban los agricultores. Muchas son las fuentes de agua.
Todo esto hace que se hallan encontrado piedras en el campo que bien podrían ser a quien adoraban de nuestros antepasados.
Con la llegada de la cristiandad, la Diosa Madre, fue convertida en la Virgen María, y el Rey Sagrado, en Cristo. Destacándose el hecho de que los templarios fueron buscando antiguos lugares de culto, y ahí solían poner una virgen negra, y muy a menudo sobre la misma piedra sagrada a la que adoraban los hombres prehistóricos. Ellos eran conocedores de los ritos de la Diosa Madre, y dejaron constancia de ello en sus marcas de cantero.
Evolución
Y luego llegó el cristianismo. En principio, parece casi seguro que la consideración y aceptación por la Iglesia del protagonismo mariano fue evolucionando progresivamente desde el siglo II hasta el V (Concilio de Efeso) , pero no puede afirmarse con seguridad que se difundiera entre la gran masa de fieles y, menos aún, que fuese objeto de un culto generalizado. Por otra parte, conviene recordar que la liturgia católica fue sustituyendo muy lentamente a los primitivos cultos precristianos, los cuales tardaron varios siglos en olvidarse.

Se ha visto que el estudio de las festividades dedicadas a María aporta algunos datos: En la Iglesia oriental solo se tiene noticia de una fiesta anterior al siglo V - la "Conmemoración de Santa María" - y, a principios del siglo VI, la del "Tránsito de la Virgen". Sorprendentemente, en la Iglesia romana no se conocen  fiestas marianas hasta el siglo VII, lo qué induce a pensar que la evolución fue bastante más lenta.  
La eclosión de la mariología fue en los siglos XII y XIII. La Virgen románica que conocemos es una imagen cristianizada y tardía, importada de bizancio. Si suplanta a la antigua Diosa Madre, cabría esperar que perdurase en ella alguno de los rasgos propiciadores de fecundidad de las antiguas representaciones de la Diosa Madre. Entre la Antigüedad y la Baja Edad Media, en el espacio de ese milenio, ¿hubo imágenes que representen el eslabón perdido?. Las hubo, pero el clero cristiano las consideraba tan irreverentes y provocativas que prefería ocultar sus cuerpos detrás de veladuras, vestidos y adornos. Por eso se tapan tanto las imágenes actuales, que al fin y al cabo son tallas vestidas y tardías, lo que explica precisamente que se salvaran de la quema.
La quema, no es una frase hecha. Existieron imágenes primitivas de la Diosa Madre, asimiladas a la Virgen María, que el propio clero destruyó. Una resolución del Sínodo diocesano de 1624, presidido por el cardenal-obispo don Baltasar Moscoso y Sandoval, dispone: que no se hagan imágenes de barro o cartón (se refiere evidentemente a los exvotos populares que los fieles llevaban a los antiguos santuarios) y que se entierren o consuman dentro de la iglesia o en otra mejor forma las imágenes viejas y deformes que más provocan a risa que a devoción.
En 1624 las condenaron al fuego. Sólo se salvaron aquellas tallas modernas que satisfacían la estética oficial de la iglesia. Y de éstas también es de lamentar que casi ninguna sobreviviera a 1936, cuando hubo una segunda quema.
(Valdeandemagico en busca de la Diosa Madre, el gran tesoro prehistórico de Valdeande.)
Valdeande Mágico 20-10-2006
Nota: prácticamente toda la información, está sacada de los libros de Juan Eslava Galán.


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