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domingo, 13 de octubre de 2013

LA DIOSA MADRE EN LAS ISLAS CANARIAS-XXII-I




                                                                                                                                                                                             

 



Volumen V

CAPITULO XXII-I


LUGARES DE CULTO Y ASTRONOMICOS DEL PUEBLO GUANCHE

                                                                                                                                                    
EL PEQUEÑO PEZ
"Usted perdone", le dijo un pez a otro,
"es usted más viejo y con mas experiencia que yo
y probablemente podrá usted ayudarme. Dígame
¿ dónde puedo encontrar eso que llaman Océano?
He estado buscándolo por todas partes,
sin resultado"

 "El Océano", respondió el viejo pez, "es donde

estás ahora mismo"
 "¿Esto?. Pero si no es mas que agua....
Lo que yo busco es el Océano", replicó el joven pez,
totalmente decepcionado, mientras se marchaba
nadando a buscar en otra parte.
 (Anthony de Mello.)

Eduardo Pedro García Rodríguez                    

Entre los muchos yacimientos arqueológicos que en la actualidad preocupa al estudioso de la historia y religión del pueblo guanche de Canarias, y que más controversias ha provocado, ha sido el de las construcciones megalíticas. Enterramientos, culto a los muertos, observatorios astronómicos, y para algunos, misteriosos ritos y ceremonias... todo se funde y mezcla.

Algunos de los santuarios rupestres que poseemos en Canarias   parecen en verdad obra de titanes. Los antiguos canarios tuvieron que emplear mucha fuerza, organización y pericia para transportar los bloques y levantar los edificios. La forma o disposición en que están colocados hace que nos sorprendamos de los conocimientos que poseían nuestros antepasados guanches en materia astronómica. Los que la incuria, o la voracidad especulativa urbanística ha permitido llegar hasta nuestros días demuestran que las piedras no están amontonadas por que sí, sino que cada una de ellas está colocada siguiendo un patrón y orden preestablecido. Tanto La  Sol, como El Luna o la Estrella del Amanecer fueron claves para establecer los solsticios, la orientación de estos monumentos que responden a las leyes del Cielo como hemos visto en el capítulo dedicado a la astronomía en el pueblo guanche.

       Veamos algunos antecedentes de la cultura megalítica indudable sustrato de la guanche. De las civilizaciones semíticas, que fueron origen de muchas costumbres griegas y romanas, tenemos noticias de las primeras piedras representando al dios Dusares. Los nabateos adoraban a la Diosa Math, bajo forma de piedra. En Siria, Fenicia y Cartago se difundió la adoración de las piedras acrolíticas y meteoríticas en forma de betilo, cipo y, sobre todo, abadir, ya que las creían caídas del cielo, bóveda de piedra, morada de los dioses. Piedras animadas que se movían en el aire rodeadas de un globo de fuego, el origen del vocablo  betilo es hebreo, ya que, cuando Jacob durmió sobre una piedra y tuvo la visión de la escala que conducía al cielo, agradecido, le dio el nombre de Beth-El (Casa de Dios). Cipo procede del latín (cipus-i, columna funeraria con remate redondeado algunas veces). Y abadir parece tener origen en ab addir que es epíteto de ciertas divinidades semíticas, ya el gramático Prísciano (s.V-VI d.d.n.e.) cita este apelativo en su Instituto de arte gramática como sinónimo de betilo, y, según Bochart (1730-1794), esta palabra es fenicia y significa piedra esférica o redonda.

        Generalmente para las estelas utilizan piedras fáciles de tallar, como la arenisca o la caliza, y reservan el mármol o el basalto para labrar sarcófagos y aras. En el área fenicia metropolitana (Sidón y Tiro), han aparecido estelas de tradición e influencia egipcia en forma de templo con columnas esculpidas en bajo relieve y techo falso, triangular o plano, o también en forma de altares para sacrificios. Estas estelas, se difundieron, con idéntica forma por occidente, teniendo su mayor auge en Sicilia, donde han aparecido algunas decoradas con pintura roja o negra[1], representando símbolos de la religión fenicio-púnica (Diosa Tanit, palma de la mano, media luna, símbolo “botella”, etc.).

       También se ha encontrado algún sarcófago decorado con pintura. El denominado de la sacerdotisa (museo de Lavigerie Cartago) presenta bella policromía: vestido azul con forma de alas plegadas, túnica rosa y joyas doradas”. (José María Lopera, 2002:1-3)

       Una de las culturas antiguas que nos ofrecen una muestra de la adoración de la deidad representada en forma de Betilos y en santuarios al aire libre, es la Nabatea. En la mítica ciudad de Petra, son innumerables los monumentos megalíticos dedicados a la Diosa, como en el caso de la Meca, fue una ciudad caravanera y por tanto, receptora a la vez que difusora de las principales corrientes religiosas culturales y artísticas de su tiempo. Esta monumental ciudad estuvo sumida en las brumas de la leyenda y la mitología hasta que, como en el de caso Troya o Pompeya, el romanticismo de los enamorados del pasado ha rescatado para la humanidad, del nebuloso campo de la leyenda, la realidad histórica. Nos vamos a permitir reproducir algunos párrafos del autor don Jesús Sánchez, referentes a algunos de los santuarios de Petra, por lo que tienen similitud con los santuarios al aire libre y betilos de la cultura religiosa del pueblo Canario:

      “Qasr el Bint era el templo del dios principal de Petra, Dusares, que estaba     acompañado por Al Uzza, Diosa Venerada en el templo del León alado, en la cúspide del panteón. Dusares es el nombre nabateo de un dios edomita, Dhu-esh-Shera, el señor de Shera o de Seir, nombre que se da en la Biblia a las tierras de Petra. Estaba simbolizado por un bloque de piedra, un Betilo, que era al tiempo la morada del dios.

        Las tribus nómadas cananeas y árabes sacrificaban animales ante grandes rocas erguidas, preferentemente en lugares altos, y derramaban sangre de las victimas sobre la misma piedra o en pequeños hoyos junto a ésta. Hay un buen número de betilos grabados en la pared y erigidos en lugares que parecen santuarios. El mejor ejemplo son los dos obeliscos que se encuentran en la llamada colina Attuf, a la que se llega por un camino tallado en la roca, alegrado con el bonito relieve de un león cuya boca es una fuente. Estos dos obeliscos no han sido llevados hasta allí de una cantera sino que son fruto del rebajamiento completo de la cima hasta darles una altura de 6 metros. Representan seguramente a Dusares y Al Uzza, simbolizando una cualidad que los estudiosos de la religión asocian con la fertilidad. De hecho Al Uzza, Diosa de la luna, era invocada por la población como guardiana de la prosperidad y fertilidad.

          De otros dioses se conoce poco más que sus nombres: Qaus, Habalu; un protector de los viajeros y las caravanas, She’a-alqum, y Manathu, especie de genio local protector de la ciudad.

         En cuanto a sagrados lugares altos hay varios en Petra, pero sin duda el más importante es el Madhbah o Lugar Alto que se encuentra junto a los dos obeliscos en la colina de Attuf. Situado en un amplio espacio alisado, tiene una mesa de ofrendas y un altar en el que debieron celebrarse sacrificios tal vez cruentos. Una pequeña cisterna muy próxima serviría para guardar el agua necesaria en las ceremonias. Los sacrificios en ocasiones debieron ser humanos, como prueba una inscripción nabatea hallada en Hegra. En ella se lee “Abd Wadd, sacerdote de Wadd, y su hijo Salim, y Zayd Wadd consagran al joven Salim para ser inmolado a Dhu-Gabat”.

         Si las últimas opiniones de los arqueólogos son ciertas hay en Petra otro santuario en un lugar elevado, pero en este caso cubierto a diferencia de los anteriores. Es el llamado Deir o Monasterio, en la cima de la colina del mismo nombre, a la que se llega por una vía procesional. El Triclinio del León, un edificio con dos leones tallados a ambos lados de la puerta y fechado en los primeros años del periodo romano, y alguna tumba que otra delimitan esta vía, jalonada con betilos y nichos con representaciones del dios-roca, que se va estrechando progresivamente hasta mostrar al caminante una gigantesca fachada de 45 metros de alto por 47 de ancho. [...] El papel de los dioses no termina en los templos, los lugares elevados y los sacrificios. Las costumbres funerarias seguían un estricto ritual en el que el difunto y su tumba eran consagrados a algún dios, generalmente a Dusares, y puesto bajo su protección.

         “Esta tumba y la cámaras grande y pequeña del interior, y los sepulcros, (...) y el resto (...) son propiedad consagrada e inviolable de Dusares, el dios de nuestro Señor, y su sagrado trono...” asegura una inscripción hallada en la tumba Turkamaniya” (Jesús Sánchez Jaén, 1991:102-109)

          Es interesante destacar que en la isla de Esero (El Hierro, Canarias), se veneraba a una deidad femenina y otra masculina representadas en dos monolitos naturales, el femenino llamado Moneiba y el masculino Erohazan).

         Los árabes, una vez que el Islam arraigó en sus creencias, se convirtieron en auténticos destructores de las otras religiones, impusieron sus creencias a sangre y fuego, arrasando pueblos y destruyendo culturas milenarias, y aún hoy en día continúan haciéndolo. Si embargo, los discípulos de Mahoma  no pudieron con la Diosa-Madre que los árabes preislámicos adoraban y aún hoy continúan venerando. Los árabes con anterioridad a la islamización creían en un polidemonismo, o pluralidad de espíritus protectores que residen en el agua, los bosques y las piedras, estas creencias están enraizadas en el panteón de los antiguos semita. En especial las piedras eran objeto de veneración. En la ciudad de La Meca existía desde muy antiguo un santuario que centraba las peregrinaciones de los beduinos. Este santuario de planta rectangular, con un gran patio central a cielo abierto, había ido recogiendo, con el tiempo, los ídolos de muchas tribus y familias, convirtiéndose en el panteón preislámico por excelencia. De todos estos símbolos de la divinidad, el más importante era y -es - una piedra basáltica negra, tal vez un aerolito, que constituía el gran objeto de veneración de los joraichitas, a la que algunos identifican con Húbal, la divinidad principal.

           Junto a los dioses protectores de las distintas tribus se precisan las tres Diosas femeninas, entre la que destaca Al Uzzá, asimilada a la Isthar asiática, con un templo propio en Nákhlah.

          Estas Diosas estaban supeditadas al “dios protector de la tribu”  que recibía el nombre genérico de Alláh (dios). Pero no cabe pensar en un culto monoteístico anterior a Mahoma. Se practicaban los sacrificios, en general camellos, que tenían lugar en ciertas épocas del año en los santuarios tribales. Las procesiones y las 7 vueltas en torno al santuario, con cánticos y aclamaciones, constituían el suplemento de estas ceremonias antiguas.


          El santuario Mequéz[2] de la piedra negra o piedra sagrada ha perdurado hasta nuestros días tras sucesivas modificaciones; siendo la última importante hacia el siglo XVII. La planta del santuario propiamente dicho, es rectangular, mide diez por doce metros, en el que se conserva y venera la piedra basáltica, engastada en su extremo sur oriental, a metro y medio del nivel suelo, y el pozo sagrado de Zemzem para las abluciones. Continúan antiguas normas rituales de origen mágico. Y la Caaba o Ka’báh sigue siendo centro obligado de visita en las peregrinaciones islámicas a La Meca, donde cada año millones de peregrinos dan vueltas alrededor de la piedra negra antiguo símbolo de la Diosa.

          KA’ABA O KAABA (voz árabe que significa dado de juego, con la que se designa las casas de forma cúbica), edificio cúbico situado aproximadamente en el centro de la gran mezquita de La Meca. La Ka’ba está construida en piedra gris. Su fachada orientada hacia NE, tiene una puerta de 2 m  sobre el nivel del suelo, a la cual se accede por una escalera de madera; en el interior, el techo y las lámparas están sostenidos por columnas. En el ángulo oriental del edificio (ángulo negro), 1,50 m sobre el nivel de suelo, y no lejos de la puerta está empotrada la piedra negra. El ángulo septentrional se llama “irakí”; el ángulo meridional, “sirio”, y el ángulo meridional, “yemení”.

        Según el Corán, los cimientos de la Ka’ba fueron puestos por Abraham. El edificio actual, restaurado varias veces, sustituye desde el siglo VII a un edificio más antiguo, destruido  durante el asedio de 683. La piedra negra, que, según la tradición islámica, fue entregada a Abraham por Gabriel, es una pieza de basalto, o de otro tipo de lava, en dos pedazos y unida por un aro de plata. Los peregrinos la besan respetuosamente. La Ka’ba se halla revestida, de acuerdo con una costumbre que se remonta a la época preislámica, con una funda (kiswa) de  brocado negro, que se renueva cada año al final del mes de la peregrinación. La fórmula de la profesión de fe musulmana está tejida en la kiswa, que lleva una cinta bordada en oro y adornada con versículos del Corán. Ante la puerta cuelga un velo (burqü’) de tejido egipcio. La puerta de la Ka’ba se abre tres veces al año, y el jerefi de La Meca procede al lavado solemne del pavimento, con una escoba de hoja de palmera, primeramente con agua del pozo Zomzem y luego con agua de rosas.
         En el idioma árabe la palabra Aláh significa "el dios". Es una contracción de la palabra compuesta Al-iláh.  Al es un artículo definido, singular, que significa EL y la palabra iláh  que connota el concepto de 'poder', 'de dios fuerte'. En conjunto las dos palabras enfatizan la unicidad del todopoderoso dios. Al-ilháh  en su forma contraída de Aláh estaba en uso corriente como uno de los títulos que las tribus árabes daban a una imagen popular, el Dios-Luna. Las tribus del tiempo de Mahoma percibían al Dios-Luna como una deidad masculina.
Es digno de notar que el término Aláh no es una palabra que inventa el profeta del Islam Muhammad (Mahoma), ni que tampoco fue acuñada originalmente por el Corán. Por largo tiempo Aláh era un nombre de uso común y corriente entre las tribus árabes, incluyendo la tribu Quraysh, de la que procedía Mahoma. Aláh pues resulta ser un término pre-Islámico, o sea, anterior al Islam, y al nacimiento de su profeta. Lo prueba el hecho de que la palabra Al áh se ha encontrado repetidas veces en inscripciones arábicas antiquísimas según afirma la Enciclopedia Británica y confirma la Enciclopedia Islámica. Era común que los árabes antiguos añadieran a sus nombres propios la terminación Aláh  para eslabonarse o identificarse con el culto al Dios-Luna.
Entre ellos, el padre y el tío de Muhammad (Mahoma). De ahí que el nombre del padre del profeta fuera Abd-Alláh, y el de su tío fuera Obied-Alláh. 
        Mucho tiempo antes de nacer Mahoma las tribus árabes venían adorando a este Aláh, conjuntamente con otros 360 o más dioses residentes en el santuario de la  Ka'báh o Ka'abah en la ciudad de Meca (Makka). Según las creencias religiosas de la época, Al-ilah o el Dios-Luna, estaba casado con la diosa-sol que era percibida por las tribus árabes como una deidad femenina y esposa de Aláh. Las estrellas eran sus hijas. Por cierto, el símbolo de la luna en su cuarto creciente, con las estrellas a su lado, simbolizaba al dios-luna acompañado de sus hijas. Los nombres de éstas eran Al-Lat, Al-Uzza y Monat. Al-Lat, y Al-Uzza son formas femeninas del nombre Aláh . Alrededor de estas tres diosas hijas de Aláh se generalizó un culto que se propagó como pólvora por la península arábica y que era especialmente peculiar de la tribu Quraysh. De dicho culto y su extensión dan fe numerosos hallazgos arqueológicos.
        En diversas excavaciones arqueológicas se han encontrado estatuillas del dios-luna en la que se ve la luna en cuarto creciente. Esta fase lunar es la que exhiben en sus banderas nacionales distintos países islámicos y ocupa un lugar prominente en todas o en la mayoría de las mezquitas musulmanas alrededor del mundo. El origen pagano de Aláh, por sí solo, descalifica de cuajo a Aláh como dios viable, aunque como veremos más adelante, ésta no es la única razón para descalificarlo. 
        Como es sabido, el profeta Mahoma creció y vivió bajo el amparo de la religión del Dios-luna y la Diosa Al Uzza
        Su familia y su tribu se consideraban a sí mismos descendientes de Ismael y eran además los custodios del culto a Aláh. Las tribus árabes concurrían en masa al panteón en la Ka'báh para adorar sus dioses. La tribu Quraysh consideraba a Aláh como una deidad mayor o superior y también a las hijas de Aláh, Al Uzza.
        Descansaba además entre los dioses de la Ka'báh la mencionada piedra negra o meteorito sagrado, que los árabes tenían como "talismán de buena suerte".
        La palabra Ka'báh designa como hemos dicho la estructura cuadrada o más bien cúbica que hasta el día de hoy es una estructura sacrosanta para el musulmanismo. Hacia este cubículo se orientan todavía los rostros de millones de árabes y de muslims de otras nacionalidades en el momento que ofrecen sus rezos cinco veces al día. Los musulmanes creen que Adán construyó la Ka'báh y que posteriormente la repararon Abrahán y su hijo Ismael. Sus paredes están forradas exteriormente por un elaborado revestimiento de lienzo negro con bordados de oro.  Este lienzo exhibe además frases de caligrafía coránica.
El interior de la Ka'báh está vacío y sólo se entra allí una vez por año cuando le hacen la limpieza ritual. En tiempos modernos vienen todos los años a la Ka'báh millones de peregrinos de todo el mundo islámico. Con ello buscan cumplir el requisito u obligación que les impone el quinto pilar de su religión. El quinto pilar o Jajj (jash) requiere que todo muslim en condición de hacerlo, haga una peregrinación a la Meca (Makka) por lo menos una vez durante su vida.
         Cuando Mahoma escogió del panteón de dioses de la Ka'aba a Aláh como el dios único, disparó por las nubes el status de éste. De la noche a la mañana Aláh se graduó de ser un dios tribal común y corriente, entre muchos otros, al sitial exclusivo de "el dios" (al - ilah). Presumo que dicha promoción precipitó la formulación del primer pilar del nuevo credo, o sea, la profesión de fe que hacen a diario millones de muslims y la cual reza: al  ilaha  il  alah  ua  muhammad   r u s u l   alah !  Esta declaración de fe que debe hacerse siempre en árabe, significa: "Sólo Aláh es Dios y Muhammad es su profeta" (o apóstol).
         Eventual y paulatinamente se hizo necesario ir construyendo un aparato teológico un tanto más estructurado que definiera la nueva fe que ahora tomaba carácter monoteísta, es decir, dirigida a un sólo Dios. Dicho aparato siguió afinándose hasta evolucionar como la religión que hoy define teológicamente a más de mil millones de musulmanes alrededor del mundo. Creo que ni los mejores magos de Egipto hubieran podido descifrar qué cosa pasó por el cerebro de Mahoma cuando consintió seguir llamando Aláh, nombre de origen politeísta, al nuevo dios del sistema religioso que acababa de emerger y que suponía ser monoteísta.
       Como hemos mencionado, Aláh convivió con otros 360 o más dioses, debido a que la Meka era un centro de confluencia comercial y cultural donde cada comerciante caravanero adoraba a sus dioses de origen, que se llevaba a cabo en la Ka'báh desde tiempos pre-islámicos. Y competían allí por la atención de los adoradores tribales.  Las tribus árabes, particularmente la Quraysh, rendían culto al Dios-luna (Aláh) mediante los siguientes ingredientes y procedimientos, que posteriormente fueron asumidos por el Islam:  
a) El uso del símbolo del cuarto creciente lunar y las estrellas. (Especialmente Venus) 
b) La oración de cara a la Ka'bah varias veces al día. 
c) El peregrinaje una vez en la vida a la Meca (Makka). 
d) Las siete carreras alrededor de la Ka'bah. 
e) El beso y la caricia de la piedra negra. 
f)  Tirandole piedras al diablo en un arroyo o Wadi. 
      g) Sacrificando una oveja. 
      h) Dando limosnas a los pobres. 
i)  Ayunando durante todo el mes que comenzaba y terminaba con la luna en cuarto creciente también llamado el mes de Ramadán.
Por lo que acabamos de señalar, habrá percibido nuestro aguzado lector que en el diseño de su flamante sistema religioso Muhammad  adoptó el nombre del dios, los símbolos, los ritos y las ceremonias religiosas que desde antaño venían usándose en el culto al Dios-Luna.
IDAFE
Semejante sincretismo dio pie para que el teólogo bautista August Strong acertara al decir que el Islam es una especie de "paganismo en forma monoteísta". 
                                                                                                                                       Retomemos el tema del megatilismo: Según el investigador austriaco Dominik Wölfel, las corrientes megalíticas no se difundieron por vía continental, sino que esta fue propagada por pueblos de navegantes, ya que esta se encuentra arraigada en las costas, en las orillas de los grandes lagos y ríos. De ello se deduce que se trataba de una cultura de navegantes, y que en Canarias seguía vigente una forma evolucionada del Megalítico, desarrollada directamente a partir del mismo. Los hombres capsienses cromañonenses  del norte de África, construían monumentos megalíticos, adoraban divinidades femeninas y desarrollaron una sociedad matriarcal. Hijos legítimos de esta cultura  son el pueblo libio, los primitivos mazigios y el pueblo guanche de las Islas Canarias, cuya población era mayoritariamente de cabellos rubios y ojos claros o azules y rostro casi cuadrado. El que los Canarios descendemos de estos pueblos norteafricanos es un hecho que modernamente está fuera de toda duda.

         Tal como apunta el escritor tinerfeño Roberto Cabrera: “A pesar de la no-existencia de los más conocidos monumentos megalíticos en Canarias se dan muchos rasgos que pueden considerarse como tales en el sentido etnológico: espiritual o religioso.

       Y continúa: “también existen monolitos que hacían innecesaria la erección de menhires.”

        Por su parte el profesor Biedermann apunta que: “teniendo en cuenta que la cronología de la cultura Canaria se encuentra todavía en sus comienzos, hay que guardarse de sacar conclusiones precipitadas del hecho de que no se hayan obtenido hasta ahora fechas elevadas en el análisis de radiocarbono.” Continúa su exposición diciendo: “La clara línea divisoria trazada por los prehistoriadores del pasado entre un Neolítico reciente, con pulido de la piedra y la cerámica, se ha puesto en tela de juicio en los últimos tiempos, por lo menos en lo que respecta al Capsiensie reciente de Muge y de otros yacimientos. Estas gentes capsiensies con rasgos parcialmente cromañoides constituyen una mezcla de perecidas características a las que hemos visto más arriba con relación al África norocidental.” 

             ALMOGARENES O SANTUARIOS AL AIRE LIBRE Y CASAS DE ORACIÓN:


 Tiene el nombre de Almogaren o simplemente Mogaren un recinto natural, al aire libre y generalmente abrigado en la roca, especialmente dedicado a recinto de oración, situados en excepcionales colinas, atalaya o en la cima de altas montañas, también estos recintos pueden estar situados en cuevas y claros de los bosques. En uno y otro caso son lugares de oración y altar para las ofrendas a la Gran Diosa-Madre, más concretamente dentro de la cultura guanche, es el ara de las libaciones místicas en obsequio de la Diosa. En estos santuarios tienen lugar las ceremonias sagradas en las cuales intervienen los sacerdotes auxiliados por las sacerdotisas, Maguadas o Harimaguadas. Estas ceremonias están dirigidas a impetrar a la Gran Diosa-Madre Chaxiraxi, la Altísima, la Sublime, de la Sustentadora del Cielo y la Tierra, la protección de la comunidad, la abundancia de las lluvias, la fecundidad de las cosechas y del ganado así como de otros medios de producción, del bienestar del pueblo, de la salud, de la libertad y de la paz. En casos especiales como sequías prolongadas, epidemias, catástrofes o cualquier mal que afecte a la comunidad, acompaña los fieles en las rogativas a la Diosa y a las deidades protectoras.


Una de las cuevas pintadas más emblemáticas de Canarias, lo es sin duda la Cueva Pintada de Galdar, cueva oradada en toba roja, redescubierta para la cultura colonial en 1873 y reencontrada en 1880 por D. Ripoche. Verneau nos la describe de la siguiente manera: “Se compone de una sala cuadrada, que mide de longitud 5 mts. En el lado izquierdo y 5,50 en el derecho y 4,8 mts. de anchura en el fondo. Una Cueva mucho más pequeña está excavada en la pared derecha.” Todos los muros están decorados con pinturas; el techo estaba pintado de una capa uniforme de ocre rojo, en tanto que las paredes verticales ofrecen figuras geométricas variadas, de color rojo, negro, gris o blanco. En la parte superior de las paredes corre una cornisa pintada de rojo. Sobre este fondo, se destacan en blanco grupos compuestos de dos circunferencias concéntricas, cuyo centro está indicado igualmente blanco.

Sobre la pared posterior, la cornisa está interrumpida por triángulos y líneas en zigzag en color rojo; se ve a la izquierda de esta pared, un fragmento de una segunda cornisa.

Por debajo, sobre una altura que varía de 125-150 cmts. Se veían tanto contiguas, como separadas por espacios del mismo color de la roca; son estos cuadrados de un tono rojo o negro uniforme; otros cuadrados rojos rodeados de una línea blanca o bien estriados de líneas blancas paralelas; triángulos rojos o blancos, a veces rodeados de blanco; doce de éstos triángulos pintados en negro y dispuestos en tres  filas horizontales están bordeados de rojo.

Sobre el fondo, se observa a cada lado, un largo rectángulo de un gris rojizo que parte de la cornisa para descender a nivel de las figuras inferiores; está estriado de zig-zag rojos superpuestos. En la pared derecha presenta dos anchos zig- zag, uno rojo y otro blanco; el rojo está limitado por una serie de pequeños triángulos blancos que forman una línea dentada. Algunas pequeñas circunferencias blancas son aún visibles en este sitio.

La parte baja de la cueva debía estar pintada de una capa uniforme de ocre rojo, que ha desaparecido.

Las figuras antes descritas no están dispuestas al azar sino que están agrupadas, por el contrario, con cierta simetría.



Un yacimiento a que siempre ha llamado poderosamente la atención de los investigadores sin duda por estar asociado a un santuario guanche, es el Almogaren localizado en la Montaña Sagrada de Humiaga. Ya en siglo XIX, el ilustre sabio francés Sabin Berthelot prestó especial atención a este recinto y nos legó una detallada descripción del lugar basándose en unas notas tomadas sobre el terreno por el insigne historiador canario D. Agustín Millares, veamos como nos describe Cuatro Puertas Berthelot: “Esta montaña de Humiga se llama también montaña Bermeja a causa del color rojo de la toba volcánica que la forma en su mayor parte”. [...]Entrando en la gran Cueva de las Cuatro Puertas, dice millares en su relación, estuve convencido al instante de estar en uno de los lugares sagrados de los antiguos aborígenes. La montaña se eleva en los confines de los distritos de Telde e Ingenio, en el centro de una llanura desolada, a la que las ondulaciones del suelo volcánico dan el aspecto de un mar petrificado.” [...] Es por el lado del noroeste, por donde las pendientes de Humiaga son menos escarpadas, y por donde se llega a la cueva de las cuatro puertas. Esta importante excavación ha sido abierta por la mano del hombre, en una formación de toba ferruginosa color sangre. El interior forma un rectángulo de dieciséis metro setenta centímetros de largo por seis metros treinta centímetros de ancho, y alrededor de dos metros y medio de altura. El suelo es desigual y
 trabajado por la laya, para retirar el estiércol que dejaban los rebaños que se abrigaban durante la noche en la gruta. En el ángulo suroeste destaca un pasaje estrecho, que probablemente habrá tenido un fin relativo al culto. Cuatro puertas o aberturas dan acceso a la gruta, las dos del centro miden tres metros, la de oriente dos metros y la de occidente dos metros ochenta centímetros. Sus paredes interiores están talladas perpendicularmente y todavía se ven las marcas del instrumento que se usó para este trabajo. Sobre la cima de la montaña, hacía el sur, se encuentra una pequeña explanada donde se ven signos, de los que hablaremos después, grabados sobre la roca. Este lugar forma como un pequeño circo al abrigo de las brisas por una cortadura vertical de la montaña, de unos dos metros por debajo del suelo, en declive hacía el sudoeste. La explanada está cortada en el centro sobre un espacio circular formando una estrecha zanja a poca distancia de una fosa excavada en redondo. Sobre el ribazo de occidente y en una altura de un metro aproximadamente se ven los antiguos grabados que imitan tres grandes U enlazadas, de dimensiones distintas, con trazos como de acentos por debajo y por encima, ya casi borradas por el tiempo. El signo principal que acabo de indicar es bastante visible y grabado profundamente en la roca. Desde esta explanada la vista abarca una hermosa panorámica.”



“Yendo hacia el sudoeste de la montaña, en la parte que se encuentra frente de Agüimes, se encuentra el borde de un precipicio casi cortado a pico, y sobre los bordes de esta escarpadura se hallan muchas grutas curiosas, aunque están en parte destruidas; ofrecen a la vista una multitud de cavernas aglomeradas las unas por encima de las otras como alvéolos de un panal. Se comunican entre ellas por corredores subterráneos y por otros descubiertos: los techos están sostenidos por pilares, y muchas de estas pequeñas cédulas tienen aberturas que dan al precipicio de la montaña.


En la entrada de la primera cueva vi tres pequeñas fosas de cincuenta centímetros de ancho por setenta y cinco de profundidad, y dos metros de largo. Esta parte de la montaña pudo haber acogido a una cincuentena de personas. Según mi opinión allí habitaron las Harimaguadas, vestales del culto primitivo.”

Avanzando por la cima de Humiaga hacia el mar, es decir en dirección sudeste, el suelo parece tallado en escaleras y conduce, por esta pendiente, a otra cueva llamada de los papeles, pequeña excavación con una abertura del lado del abismo que ofrece en su interior una especie de ahondamiento o alcoba que habrá servido quizá de lugar de reposo y que se cubriría con pieles de cabra y ovejas. Uno de los rincones está ahumado, y es sin duda donde estaba colocada la lámpara de tierra cocida de dos mechas untadas de cebo.”

“Continuando mi exploración llegué a la parte más escarpada donde se encuentra la gran cueva de la Audiencia: su salida está tallada en forma de corredor abovedado, de un metro de alto por dos o tres metros de ancho, y conduce por una pendiente rápida al fondo del valle.[...]

“Expongo ahora mi opinión sobre esta singular montaña de Humiaga y sobre la misteriosa inscripción que encontré. Humiaga fue lugar sagrado; la gran Cueva de las Cuatro Puertas habrá servido de santuario público; las excavaciones de las cuevas de los Pilares fueron, como ya he dicho, la vivienda de las harimaguadas. El antro o cueva de los papeles pudo haber servido de residencia al faican o ministro del culto, y la gran cueva de la Audiencia me ha parecido el sitio donde se reunían los jefes para administrar justicia. En cuanto a los signos grabados sobre la roca representarían quizás el nombre de la divinidad que, siguiendo la tradición, solamente la casta sacerdotal sabía leer. Era delante de estos signos venerados donde debía romperse la vasija de arcilla que contenía la leche de las libaciones, presentado como ofrenda.” (Millares Torres, en Sabin Berthelot, 1980:41-2).



[1] Los resaltes en negrita son nuestros.
[2] Creemos intersante resaltar que en la ciudad del Puerto de la Cruz (Tenerife) existe el topónimo y calle denominada Mequinéz.

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